Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —Cierto; guiados por su jefe, no escaparán a los primeros disparos.
—Pues, como se deje ver, todos nuestros tiros le serán reservados.
—Enviará a sus hombres, y él quedará fuera de tiro; sabe que somos audaces, y te tiene un miedo cerval.
—Me alegro de que me tema. Asà tendrá menos alientos para el ataque.
Y volviéndose hacia el malayo, prosiguió:
—¡Eh, Pram-Li! Tú que eres tan amante de las patas de oso, ve a preparar el almuerzo: y tú, Sheu-Kin, ven conmigo a buscar los cadáveres de esos animales. Su carne puede sernos preciosa durante el sitio que tendremos que sostener.
No teniendo que preocuparse de los piratas refugiados en el bosque, tal vez aguardando a sus compañeros, los chinos podÃan recuperar su caza, el malayo hacer la comida y todos descansar, velando por turno, pues habÃa que precaverse contra los cocodrilos.
Aquella primera jornada pasó sin más incidentes que algunos tiros disparados contra los saurios, que cada vez se mostraban más audaces e impertinentes; se habÃan reunido en gran número alrededor del islote, y varios intentaron ocultarse entre las cañas para atacar a los acampados, pagando algunos con la vida su atrevimiento.