Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —Moriréis todos.
—La puerta está abierta; puedes entrar cuando quieras a retorcernos el pescuezo; pero te prevengo que no te dejes ver, si no quieres que te incruste una bala, ¡bandido!
La respuesta que recibió Hong fueron cuatro disparos que cortaron algunas cañas próximas.
El chino, que se habÃa fijado en el sitio de donde partieran los tiros, y que vio el humo elevarse entre las cañas, apuntó rápidamente o hizo fuego. Un grito agudo le probó que no habÃa errado.
—Ésa es mi respuesta, Pandaras —gritó reuniéndose con sus compañeros, parapetados en un repliegue del terreno y echándose junto a Than-Kiu. Si quieres más, pide por esa boca. Tenemos muchas bolitas de ésas—. Ahora —añadió dirigiéndose a sus camaradas—, ¡mucho ojo y procuremos impedir a toda costa que vadeen el canal, o somos perdidos!
Empezaba a salir el sol, cuando los movimientos de los piratas les indicaron que se preparaban a pasar el vado. Eran unos cincuenta, pero no disponÃan más que de diez[2] fusiles y de algunos pistolones de bien poco valor.