Flor de las Perlas
Flor de las Perlas Mientras los unos abrÃan el fuego, los otros, armados de kampilangs y bolos, se metieron en el agua denodadamente. Bien pronto fueron detenidos por los cocodrilos. Una veintena de éstos habÃa invadido el bajo fondo para disputarse el oso, que ondeaba sobre las cañas, y furiosos por no poder alcanzar su presa, desahogaban su rabia dando coletazos que esparcÃan agua y fango en todas direcciones. Al ver aparecer a los hombres, volviéronse hacia ellos con la intención de regalarse con la suculenta carne humana, obligándoles a retirarse precipitadamente, no obstante los furiosos aullidos de Pandaras, que se mantenÃa emboscado por prudencia.
Pero el colmo fue cuando los asaltados comenzaron el fuego, matando siete hombres en dos descargas, con gran satisfacción de los cocodrilos. Los restantes huyeron a esconderse entre las cañas, adonde les siguieron los certeros tiros de los chinos y el malayo. A la cuarta descarga parece que tenÃan ya bastante, incluso el mismo Pandaras, pues se le vio escapar desordenadamente en busca de refugio más seguro.
—¡Os haré comer por los cocodrilos! —rugió el jefe de los piratas antes de desaparecer.
—Y yo —repuso con voz tonante Hong— te aplastaré el cráneo si vuelves. AsÃ, no pienses más en la doncella de cabellos negros.
—¡Escuchadme! —repitió Pandaras.
—¡Habla!