Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —No me atrevo a entenderte; podrÃa crearme una esperanza falaz, y caer en la desilusión horrible que tú has padecido.
—No, no; no destruiré un hermoso sueño, como hizo Romero. Las chinas somos generosas, y…
Un choque repentino que hizo cabecear bruscamente la balsa echando uno sobre otro a los cuatro, cortó la palabra a la joven.
—¡Por Fo y Confucio!… ¿Qué ha sucedido?… ¡Otro golpe como éste y zozobramos!
—¿Habrá sido un cocodrilo? —dijo Sheu-Kin.
—No he visto ninguno —afirmó el malayo—. El agua está en calma alrededor.
Ambos se arrastraron con precaución, y metieron los brazos en el agua.
—Hay cañas bajo nosotros —dijo el chino.
—¿Estaremos sobre algún islote sumergido? —preguntó Hong.
—Asà lo creo —afirmó Pram-Li.
—Evitemos los choques, pues no respondo de la solidez de la embarcación.
—¡Y tengamos ojo con aquel comedor de hombres! ¿Lo veis? Parece que tiene la intención de acercarse a visitarnos.