Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —Dentro de una hora estaremos en tierra —observó Sheu-Kin—. La corriente aumenta en rapidez por momentos.
—¡Si tendrá la laguna alguna salida hacia la costa!… dijo Than-Kiu.
—¿A algún rÃo o algún canal? Puede ser… ¡Oh!
—¿Chocamos?
La balsa habÃa chocado con algo; giró dos veces sobre sà misma y se detuvo. Pram-Li observó que el agua no tenÃa más que veinte centÃmetros de profundidad.
—Aquà acabó nuestra navegación. Hay que abandonar la balsa y seguir a la costa con agua a la rodilla.
—¿No se tratará de algún banco de arena? —exclamó Hong.
—No, no —afirmó el malayo, que se habÃa puesto en pie—; veo por todas partes plantas acuáticas, lo que indica que este fondo se extiende hasta la orilla.
—Cargad con las armas y las municiones, y yo transportaré a Than-Kiu.
—Puedo ir yo por mi pie, Hong.
—No; soy fuerte, y pesas como una pluma para mà —insistió el chino—. No me cansaré. ¡Ven!
La cogió en sus brazos, y con el pie en el agua tanteó el fondo.