Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —Es verdad —corroboró Sheu-Kin—. Veo la orilla del pantano.
—Pronto lo sabremos, porque va a amanecer.
Las aves acuáticas comenzaban a despertarse, apareciendo en grandes bandadas para principiar su pesca. Las estrellas habÃan palidecido mucho y una claridad nebulosa se extendÃa por el cielo. Hong, que no separaba los ojos del punto obscuro, que cada vez se destacaba más en el horizonte, se convenció muy pronto de que sus amigos no se habÃan engañado. VeÃase una costa algo baja, interrumpida por grupos de árboles, y, habiendo aumentado la rapidez de la corriente, podÃan llegar en un par de horas.
A las cinco, el sol surgió bruscamente, iluminando de una vez toda la laguna. Innumerables volátiles aparecieron por todas partes. Hong y sus compañeros pusiéronse en pie para abarcar mayor horizonte. No se veÃa embarcación alguna; pero la costa estaba allÃ, a poca distancia.
—Parece que los piratas han desaparecido —dijo el jefe del Lirio de Agua respirando—. ¿Ves algo tú, malayo, que tienes mejor vista que nosotros?
—Absolutamente nada.
—Examina bien la costa.
—Sólo veo árboles.