Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —¿Crees que se trate de un combate entre salvajes?
—No. ¿Y esos tiros? Más bien creo que Pandaras, por seguimos a todo trance, haya sido atacado por los indÃgenas.
—Entonces, habrÃa que suponer que no nos cree muertos.
—Asà lo creo. Habrá supuesto que conseguirnos salvamos.
—Tenemos, pues, la probabilidad de encontrarlo.
—Quizá, fijándose en la dirección de la corriente, se apresuró a aguardarnos, corriéndose con sus hombres a la orilla Sur de la laguna.
—¿Qué piensas hacer, entonces?… ¿No es posible desviarnos…?
—Carecemos de remos, Than-Kiu. Todo lo que podemos hacer es dejarnos llevar.
—¡Qué hombre más vengativo ese Pandaras! —exclamó Sheu-Kin.
—No serÃa malayo si no fuese tenaz en su odio. ¿Y el cocodrilo que nos seguÃa, Pram-Li?…
—Ha desaparecido; tal vez se asustó por los gritos y los disparos… ¡Ah!
—¿Qué es eso?… ¿Vuelve?…
—No; es que comienzo a ver una lÃnea negra, que calculo es la margen de una selva.