Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —Por la bala de ese tunante; y precisamente el derecho, el más importante. No sé con qué clase de balas cargaba su mosquete ese bandido; pero debÃan de ser muy duras para destrozarme de tal modo el brazo y derribarme. ¡Bah! —añadió encogiéndose de hombros—. ¡Más vale que haya sido a mà que a Than-Kiu, a quien apuntaba al pecho! ¿Qué fue del miserable? ¿Logró escapar?
—Ha perecido.
—¿A vuestras manos?
—No; triturado por una monstruosa serpiente.
—¿Estáis seguros?
—Ha sido reducido a una masa informe.
—¡Quiero verlo! ¡Temo siempre que logre salvarse!
Quiso, en efecto, echar a andar; pero la joven le detuvo.
—Me has salvado la vida, y ahora me toca a mà curarte; te prohÃbo, pues, que cometas la menor imprudencia.
—Las piernas están fuertes: sólo se trata de un brazo roto.
—Que mal curado, podrÃa gangrenarse y obligarnos a cortártelo. Flor de las Perlas no se consolarÃa nunca de tener un marido manco.
—¡Ah, Than-Kiu! ¡Repite esas palabras!