Flor de las Perlas

Flor de las Perlas

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No se engañaba el malayo. Las facciones de aquel salvaje, que, ya tranquilizado, no trataba de huir, eran las de un igorrote; tenía el cabello lanudo, la nariz corta y ancha, la boca grande, los labios gruesos, pero sin ser hinchados como los de los negros, los ojos horizontales, con la pupila amarillenta y la expresión vivaz, y curvas espaldas. Iba casi desnudo, sin más que un taparrabos de un palmo de ancho, hecho con fibras vegetales, y llevaba la piel plagada de tatuajes, o, mejor dicho, de largas cicatrices que se producen levantando la piel con los dedos y haciéndose incisiones con una punta aguda. Llevaba ligas de piel de jabalí sobre las desnudas piernas, adorno y distintivo que aquellas tribus otorgan al cazador más valiente.

Esta raza de negros no se halla sólo en la isla de Luzón, sino esparcida por varias de las Filipinas, y sobre todo en Mindanao y Borneo; son los mismos que viven en la península de Malaca y en las islas indostánicas de Andamane y Nicobar, y, lo que es más sorprendente, en el África meridional, donde forman la tribu de los Bushmen, y en el centro del continente negro, donde constituyen el pueblo de los pigmeos. Se ignora cómo han podido extenderse tanto los que en las Filipinas se llaman igorrotes, que son los más próximos parientes del mono.


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