Flor de las Perlas
Flor de las Perlas El jefe entonces sacó un collarÃn de dientes de pantera, al que quizá dan gran valor por la dificultad que deben de tener aquellos enanos para matar tamañas fieras, sobre todo con armas tan primitivas como las que poseen, y se lo puso a Than-Kiu.
—Eres tan buena como valiente —le dijo—, y mereces que te regale este collarÃn, emblema de la intrepidez, y que yo heredé de mis abuelos.
Apenas habÃa pronunciado estas palabras, cuando entre las espesas tinieblas viose que surgÃa del pie de los árboles un rápido fulgor que se extinguió súbitamente. El jefe se levantó con una agitación que en vano trataba de ocultar: las mujeres huyeron; los hombres cogieron las armas.
—¿Qué sucede? —preguntó Hong.
—¡Qué se preparan a asarnos! —dijo Pram-Li.
—¿Quiénes?
—El bagani y sus cazadores de cabezas.
—¡Ah! ¿Están ya aquà esos bribones? ¡En vez de que corten las cabezas a estos pobres diablos, les saltaremos los sesos a tiros! ¡El bagani tendrá el mismo fin que Pandaras, o dejaré de ser yo Hong, el ex capitán de la caballerÃa manchúrica!