Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —¡Por Fo y Confucio! ¡La perspectiva es muy poco agradable! Combatir es bueno; pero que nos asen vivos, no es nada lisonjero.
—Cuando los hombres del bagani oigan nuestras carabinas, no resistirán mucho.
—¿No tendrán ellos también armas de fuego?
—Quizás algunos fusiles viejÃsimos.
—¡Oh!
OÃase una especie de rumor prolongado, procedente del sitio donde estaban las dos altas pértigas que servÃan de acceso al puente.
—¡Alguien sube! —murmuró con trémulo acento el anciano jefe.
—Sà —dijo el malayo—. Tratan de sorprendernos.
—¿Doy la señal de la defensa?
—¡TodavÃa no; dejémosles subir!
El rumor continuaba: varios hombres trepaban por las cañas, creyendo sorprender dormidos a los salvajes. Hong y Than-Kiu se acercaron a la entrada del pueblo con los sables empuñados para ahorrar municiones, y medio minuto después apareció una forma humana que se disponÃa a penetrar en la plataforma. Dos sablazos la hicieron caer con el cráneo roto y lanzando un grito de angustia. Un aullido siniestro dejóse oÃr, y luego dos detonaciones.