Flor de las Perlas
Flor de las Perlas Avanzando cautamente llegaron ante una abertura de medio metro de largo y de anchura apenas suficiente para poder pasar Hong una pierna. La corriente de aire procedÃa de aquel sitio.
—He aquà un paso que no nos será de ninguna utilidad, pues, a causa del gran espesor y dureza de la pared, no podemos ensancharlo. ¿Por qué motivo nuestro desconocido protector nos ha invitado a venir aqu� ¡Es un misterio!
—Como es incomprensible también lo de la flecha —dijo Than-Kiu.
—¿Qué quieres decir?
—Que no se concibe que la flecha lanzada por la obertura pueda llegar hasta la boca de la galerÃa.
—Cierto; tanto más, cuanto que hemos ido en descenso siempre —dijo el malayo.
—Tienes razón. ¿Qué opinas tú, Than-Kiu?
—Que debe de haber sido lanzada sin duda, desde otra parte.
—¿Habrá alguna otra salida que no habremos visto?
—Asà debe de ser, y la buscaremos al regreso.
—Pero ¿por qué nos ha hecho venir aquà el autor del escrito?
—Algún propósito habrá tenido. Voy a examinar la grieta.