Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —¡Ese desconocido protector ha pensado en todo! —dijo Hong satisfechÃsimo—. ¡Nos ha provisto hasta de velas!
—¿Ya no hay nada más?
—No, ya no hay más, Than-Kiu.
—¡Pues hasta la próxima! —exclamó la joven sonriente.
—¡Oh! Seguramente continuará abasteciéndonos. Con esto sólo tenemos para dos comidas.
—¡Quisiera conocer a ese misterioso protector! —dijo Pram-Li a Tiguma.
—¡Ya se dará a conocer!
—¿Cuándo?
—Quizás antes de lo que creéis —repuso el igorrote trazando con la punta de su cuchillo algunos signos, incomprensibles para los chinos, en unas hojas que arrolló en la flecha y depositó en una grieta de la abertura. Luego añadió—: El hombre que nos favorece sabe ya que deseamos conocerle.
En aquel instante se oyó un disparo y el grito de alarma de Sheu-Kin.
—¡A las armas!
Mientras corrÃan a reunirse con él resonó una segunda detonación. Al llegar hallaron a Sheu-Kin en observación.
—¿Atacan? —le preguntó Hong alarmado.