Flor de las Perlas
Flor de las Perlas Recogieron apresuradamente las ramas resinosas y los vÃveres, y huyeron mientras las primeras nubes de humo penetraban lentamente en la galerÃa. Cuando llegaron al extremo detuviéronse cerca de aquella especie de buzón abierto en la roca, para poder respirar mejor.
—¿Qué ha sucedido? —preguntó Than-Kiu.
—¡Qué esos canallas han intentado asfixiarnos prendiendo fuego a las plantas trepadoras que crecen en las laderas de la roca!
—Y ese olor acre que nos irritaba la garganta y los ojos, ¿calculas tú, Tiguma, de dónde procedÃa?
—Indudablemente de algunas hojas de cumakru.
—¿Y qué es eso?
—Un arbusto cuyas hojas al quemarse despiden un olor tan fuerte, que no puede soportarse durante un solo minuto.
—¡Al diablo esos canallas!
—Por suerte, tenemos esta gruta: de otro modo, no hubiéramos podido resistir mucho en la galerÃa.
—Lo malo es que, después del fuego, no dejarán de subir esos bribones.
—Tened por seguro que vendrán.
—¡Serán recibidos como merecen! —exclamó Hong al conocer las palabras del igorrote—. ¿No tienes miedo tú, Than-Kiu?
—¡La hermana de Hang-Tu nunca ha temblado ante el peligro! ¡Estoy pronta!