Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —¡Silencio! —dijo en aquel momento Sheu-Kin.
—¿Vendrán ya?
—No, pero ¿oÃs?
Se oyó un ligero silbido, que parecÃa lanzado por una serpiente. Inmediatamente Hong se echó a la cara el fusil, gritando con energÃa:
—¿Quién vive?
El mismo silbido, más dulce que antes, se repitió, y al final una voz humana pronunció una palabra. Tiguma dio una salto precipitándose a la abertura y contestó:
—¡Aquà estoy!
Hong encendió precipitadamente una antorcha, sin soltar el fusil, y miró por la abertura, alumbrándose. Por el otro lado aparecÃa una cabeza humana: la de un joven de piel muy oscura con reflejos color de ladrillo, de facciones dulces y ojos pequeños y negrÃsimos. Llevaba el cabello largo, recogido en dos trenzas adornadas con escamas de tortuga y espinas de pescados. Al ver a Tiguma sus ojos se animaron brillando como brasas encendidas.
—Soy el muchacho que…
—¡Vindhit! —le interrumpió con júbilo Tiguma.
—¡SÃ, Vindhit!
—¿Te perdonaron, pues, los cazadores de cabezas?