Flor de las Perlas
Flor de las Perlas Se dirigieron hacia aquella parte, que era muy espesa, abriéndose paso a sablazos. El rumor aumentaba; el animal huÃa rápidamente de los cazadores, apartando ruidosamente las grandes cañas. ParecÃa haber abandonado toda prudencia. Hong y sus compañeros trataban de acercarse; pero dificultaban la marcha aquellos vegetales espinosos, que les oponÃan increÃble resistencia. A cada momento, el chino y el malayo tenÃan que detenerse y andar con tiento para evitar que se desgarraran su vestidos. De pronto cesó el rumor.
—¡El animal se ha detenido!
—¡SÃ; ya no se mueven las cañas!
—¡Y veo manchas de sangre aquÃ!
—¿Habrá expirado la babirusa, Pram-Li? ¡Vayamos con cuidado! ¿No sientes un olor…?
El malayo se detuvo, y el terror se pintó en su rostro.
—¡Es un olor salvaje!
—¡DirÃase que ha pasado por aquà alguna pantera!
—¡Algún tigre, Hong! ¡He sentido muchas veces este olor en las selvas de la penÃnsula malaya!
—Pregunta a Vindhit.
—¡Una gran fiera! —repuso el igorrote.
—¡Adelante y con prudencia!
—¡PreferirÃa hallarme aún en el rÃo Bacat! ¡Los tigres me han causado siempre mucho miedo!