Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —¡Espiada! —murmuró, retirándose prontamente—. ¡Gran Budda!… ¿No les bastaba haberme casi muerto?
—SÃ, estás vigilada y sólo aguardan tu curación para prenderte y deportarte a las Marianas, a las Carolinas o a Joló.
—Huiré antes de que me arresten.
—Te lo impedirán.
—¿Qué me aconsejas que haga?
—Dejarte arrestar.
—¿Y después?…
—Te salvará el Lirio de Agua.
—¿De qué modo?
—Lo sabrás más tarde… pero con una condición.
—¿Cuál?…
—Que renuncies a Romero y vuelvas a figurar en las filas de la insurrección.
—No; no me arrancarás semejante promesa, Hong.
—Entonces te prenderán.
—Me escaparé.
—Lo veremos.
Hong se levantó, púsose el amplio sombrero de fibras de rotang y, después de dar dos pasos hacia la puerta, volvióse y preguntó:
—¿Estás completamente resuelta a embarcarte?
—Sà —dijo la joven con energÃa.