Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —Y también las flechas envenenadas.
El malayo se preparaba a bajar, cuando el igorrote le detuvo por un brazo.
—¡Demasiado tarde! —le dijo.
—¿Por qué lo dices?
—¡Los bandidos se acercan!
—¿Cómo lo sabes? ¡Yo no veo nada!
—Los papagayos y las cacatúas se han escapado de aquel bosquecillo de arecas.
—¿Y eso qué?
—Que alguien ha espantado a esas aves.
—Puede haber sido algún mono.
—No lo creo: ni los papagayos ni las cacatúas tienen miedo a los cuadrumano^.
—¿Ves moverse alguna rama?
—No, pero estoy seguro de que hay hombres bajo aquellos árboles.
Pram-Li se inclinó y dejó caer una ramita en la cabeza de Hong, que alzó el rostro.
—¡Alerta! ¡Despierta a Than-Kiu!
—¿Vienen?
—¡Me lo temo!
—¿Bajáis?
—En el momento oportuno, estaremos detrás de la trinchera.