Flor de las Perlas
Flor de las Perlas Tiguma continuaba vigilando, sin apartar los ojos del bosquecillo de arecas que se extendÃa casi hasta el fortÃn. Poco después vio volar también unas palomas, y un pájaro zorro que escapaba y fue a refugiarse en la copa de un mangostán.
Cuando aquel extraño animal de vida nocturna se habÃa decidido a abandonar su escondite, algo le habÃa obligado.
—¡Bajemos; ya sé bastante! —dijo Tiguma.
—¿Se dirigen hacia nosotros los hombres que sospechas?
—SÃ; todas las aves han huido en la misma dirección.
—¡Entonces preparémonos a la defensa!
Bajaron del árbol y se reunieron con los compañeros. Than-Kiu estaba ya en pie.
—¿Es cierto que se acercan? —preguntó.
—SÃ, Flor de las Perlas —respondió Pram-Li, sin dar a conocer sus temores.
—¿Son muchos?
—Lo ignoramos aún; quizá se trate de una avanzada exploradora.
—¿Qué hacemos?
—Aguardarlos, por ahora —dijo Hong; y volviéndose a Pram-Li añadió—: Ordena a Tiguma que prepare su arco.
—¡Estoy pronto! —contestó el salvaje.