Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —¿Eres buen arquero?
—Nunca he perdido una flecha.
—ArrodÃllate al lado de Hong, y está pronto a lanzar el dardo. Nuestras armas de fuego son inútiles por el momento, pues hacen demasiado ruido.
Todos se colocaron detrás de la trinchera, con la mirada fija en el bosquecillo. La ansiedad y la alarma estaban pintadas en todos los rostros. De pronto se oyó crujido de ramas; un mono saltó, refugiándose en lo alto de un árbol. Al menos, tal lo parecÃa.
—Seguramente es un explorador —dijo Hong a Than-Kiu—. Si estuviera solo, no tendrÃamos por qué inquietarnos.
—Sin embargo, no serÃa prudente hacer uso de nuestras armas, porque los disparos atraerÃan a sus compañeros.
—No obstante, le escarmentaremos.
—¿Cómo?
—Tiguma se encargará. Las flechas no hacen ruido y matan también. ¿Oyes?
—SÃ. ¡Otra rama rota; el espÃa se acerca!
—Oigo moverse hojas.
—¡Eso es! ¡AllÃ!
—¡MÃrale, Than-Kiu!