Flor de las Perlas
Flor de las Perlas Apartáronse unas hojas y apareció una cabeza humana, que permaneció inmóvil por algunos minutos y mirando atentamente la barrera de espinas y la cabaña; luego, satisfecha, sin duda, su curiosidad, se dispuso a irse, no tan pronto que salvara la vida. Pram-Li se había inclinado sobre Tiguma ordenando a gritos:
—¡Mátale!
Se oyó un ligero silbido, atravesó el aire una flecha y fue a clavarse bajo la nuca del espía. Éste lanzó un aullido feroz al sentirse herido. Con una mano se arrancó la flecha; con la otra desnudó el kampilang y se precipitó hacia la trinchera, no dudando ya que estaban allí sus enemigos. Pero pronto se dejó sentir el efecto del veneno. Antes de llegar a la barrera el desdichado se paró súbitamente, vaciló y cayó de espaldas.
—¡Ha muerto! —dijo Tiguma.
De repente palideció. Un grito extraño, que no parecía ser de ninguna clase de animales, se alzó estruendoso y vibrante de en medio de la selva.
—¡Estamos perdidos! —murmuró involuntariamente el igorrote.