Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —¿Y si os aprisionan?
—Trataremos de no dejarnos prender, Than-Kiu. Si este viento no cesa, dentro de dos horas habremos dejado atrás la isla, ¿verdad? ¿Cómo te llamas?
—Tseng-Kai —repuso el viejo.
—Una vez en el mar, no hay temor; ¿verdad, Tseng-Kai?
—Echaremos a pique las chalupas. Tengo a proa un cañón que lanza balas de cuatro libras con gran precisión. Más de cuatro paraos malayos, que intentaron cautivar mi tow-meng, fueron a pique con la ayuda eficaz de mi cañoncito.
—Pero luego no podrÃas volver a Manila —objetó Than-Kiu.
—¿Y qué me importa? ¿Necesitas tú volver a Binondo?
—No; voy a Mindanao.
—Pues allá iremos todos. En cualquier isla puedo cargar mi barco —dijo el viejo, alejándose.
—He aquà una buena ocasión para realizar tu proyecto, Than-Kiu. Yo, en nombre de la Sociedad, contrato para ti este junco… ¿Quieres?… El Lirio de Agua debe mucho a su valiente jefe, muerto heroicamente por la libertad de las islas, y a su no menos valiente hermana. Este chino puede mejor que nadie llevarte adonde quieras y ayudarte.