Flor de las Perlas
Flor de las Perlas La tow-meng del viejo chino era como todas: ni más sólida ni mejor; pero tenÃa un desarrollo velero enorme que le permitÃa luchar en velocidad con las rápidas chalupas, si el viento se mantenÃa fresco, y una tripulación compuesta de quince bravos marineros, capitaneados por un verdadero lobo de mar que conocÃa al dedillo los mares de China y de la Malasia y toda la costa.
A los gritos del patrón, los marineros, tres cuartas partes chinos y el resto malayos, acudieron al punto a cubierta y, sabiendo lo que se querÃa, orientaron las velas para que recibieran el mayor viento posible, y sacaron de la estiva fusiles, municiones y bombas.
La persecución por parte de las dos chalupas continuaba con encarnizamiento, y podÃa suponerse que iban a emplearse las armas de fuego antes de que el junco dejase atrás el fuerte español de la isla del Corregidor.
Los perseguidores estaban aún lejos, pero podÃan con gritos o señales llamar la atención de los centinelas del fuerte o de cualquier cañonera o torpedero, cosa de temer para la tow-meng.
—Lamento haberos puesto a todos en tal riesgo —dijo Than-Kiu, que no cesaba de mirar las chalupas.
—¡Bah! No te inquietes por nosotros; somos todos veteranos de la insurrección.
—Y los mÃos —añadió el patrón— marinos curtidos, hechos al peligro y a combatir con los piratas malayos. Mis marineros no tienen miedo.