Flor de las Perlas
Flor de las Perlas Los de la chalupa hicieron un segundo y un tercer disparos; una bala salvó la popa silbando en el oído de Pram-Li, y la otra atravesó la vela; pero nadie respondió. Hong, temiendo por Than-Kiu, la obligó a resguardarse tras el palo mayor, ya que no quiso encerrarse en la cámara de proa.
El fuego, tras un corto descanso, volvió a emprenderse con regularidad y servido por los guardias de las dos chalupas, cual si quisieran diezmar la tripulación antes de abordar el junco; pero las balas no causaban gran daño a éste, y menos a los hombres, bien resguardados. Sin embargo, Hong y Tseng-Kai estaban inquietos y miraban ansiosos a la isla del Corregidor, que cierra la vasta bahía, temiendo ver destacarse de ella alguna otra chalupa o cualquier cañonera. Sabiendo que por la insurrección se había duplicado la guarnición del fuerte, podían ser descubiertos y presos a cañonazos.
—Tseng-Kai —dijo Hong, cuya calma parecía algo turbada—, temo que esta caza acabe mal para nosotros.
—Sí; ese fuerte puede fastidiarnos —dijo el anciano.
—¿Ves alguna cañonera anclada ante la isla?
—No; pero puede estar en la costa occidental.
—¿Qué hacemos?… Quiero absolutamente poner en salvo a Than-Kiu.
—¿Quieres un consejo?