Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —Hice embarcar uno de mis hombres en un barco costero que pasaba por la punta de Luzón cuando llegábamos a ella, y cuatro horas después recibà un telegrama de consentimiento de mis compañeros del Lirio de Agua. Como ves, nada más sencillo.
—¿Y me acompañarás en mi expedición para salvar a Romero?
—SÃ, Than-Kiu.
—¿Qué motivo te ha hecho tomar tal decisión?
—El de ser útil y proteger a la hermana del heroico Hang-Tu.
—Gracias, Hong; eres un amigo fiel.
—SÃ; un amigo pronto a dar su vida por Flor de las Perlas —dijo el chino, mirándola fijamente.
Ella no respondió; parecÃa absorta en tristes pensamientos. Hong la tocó, y le dijo:
—No pienses ni en lo pasado ni en lo futuro; ocúpate sólo de lo presente, Than-Kiu. He averiguado dónde encalló La Concha.
—Lo sé, amigo; en los bancos de arena del Talaján, donde fue asaltada por los mindaneses.
—¿Cómo has podido saberlo?
—Por el comandante del fuerte, cuya prisionera, o mejor dicho, su huésped, fui por veinticuatro horas.
Y la joven contó cuanto le habÃa ocurrido con el noble coronel.