Jose el peruano
Jose el peruano —Le he dicho que ese juego no se acostumbra y es justificada su sorpresa y la de los señores que nos rodean.
 —Oigamos de qué se tirata — preguntó Kornalden, ignorando completamente qué querÃan decir las palabras de Kilder.
—¿Qué me ha dicho ayer, Kornalden? — dijo Kilder en medio de profundo silencio.Â
—Ayer tarde tuvimos una viva discusión geográfica—repuso Kornalden—, pero pronto volvimos a reconciliarnos. No veo, sin embargo, qué relación puede tener esto con su proposición...
—Pues tiene mucha—objetó Kilder—. Usted me ha acusado abiertamente de ser un gran ignorante.Â
—Despacio, señor Kilder—interrumpió Kornalden—. Yo le he dicho simplemente que era usted ignorante en cuanto a la geografÃa de Nueva Holanda. Usted se ha ofendido, pero no tiene razón para ello, puesto que muchos sabios de gran valÃa ignoran cómo es el interior de este extraño y misterioso paÃs.Â
—Extraño y misterioso, es verdad—repitió Kilder—, tanto que se le llama una paradoja continental, sin contar con que alguno ha enunciado la hipótesis de que fuese algún pedazo de estrella fugaz caÃdo sobre la tierra: eso no quiere decir, no obstante, que la Australia no se pueda atravesar, de Sur a Norte, en seis meses.Â