Jose el peruano
Jose el peruano —El mismo sospecha de Mulga—continuó José—Si hiciese trampas en el juego por cuenta de Kornalden, Lindsay hubiera sido el primero. en sostener la lealtad del australiano, porque estarÃa de acuerdo con él para arruinarnos. ¿Puedes continuar la marcha?Â
—SÃ, buen José—respondió Fernández—, he descansado bastante.Â
Los dos exploradores volvieron a emprender el camino en el grasstand mientras surgÃa el alba y la luz invadÃa a los gigantescos eucaliptos coloreando las innumerables flores del bosque.Â
Centenares de cacatúas se lanzaban al vuelo desde los árboles, para visitarse mutuamente, charlando como pequeñas comadres.Â
La mayor parte de las aves australianas emiten modulaciones que no tienen nada de musicales: parecen cantores estridentes y desentonados, repetidores de una música de disonancias hecha para divertir las orejas de los Brevin o espÃritus malos. Un pájaro, sin embargo, hace una excepción en este concierto de estridencias, y es el gracioso melapsittacus undulatus, pequeño loro de plumas ondulantes y jaspeadas de varios colores que canta con la dulzura y la alegrÃa del canario.Â