Jose el peruano
Jose el peruano —¿Y si nuestras acusaciones fuesen infundadas? ¿Y si hubiesen asaltado a Lindsay?Â
—Esta suposición es absurda — objetó José—. Lindsay estaba armado, y al primer indicio habrÃa disparado y yo hubiese oÃdo los tiros. Además, aquà no hay señales de lucha. Tengo una prueba segura.Â
—¿Cuál?Â
—Este boomerang. Lindsay se lo habÃa vuelto a quitar a Mulga y lo habÃa puesto en una caja para llevarlo como documento a Puerto-Augusta; solo él sabÃa donde estaba. Ha sido él el que lo clavó ahà como una mofa: eso no lo habrÃan podido hacer los supuestos asaltantes de que hablas. No, no se puede sacar otra conclusión. ¡Lindsay es un mentiroso, un hipócrita, un ladrón y un asesino!Â
—Además, esta prueba del boomerang lo demuestra !—dijo el joven peruano—. Si él solo sabia, dónde se encontraba, ha sido él el que lo clavó en tierra... y además, es hasta absurdo pensar que un hombre como Lindsay se haya dejado vencer sin defenderse y sin usar sus armas,Â
—No irá muy lejos—continuó José—. ¿Tienes fuerzas para andar?Â
—SÃ, buen José... Es necesario alcanzar a Lindsay a toda costa y decidir la partida... Desgraciadamente, estoy sin armas: ¡mis verdugos me robaron el fusil!...Â