Jose el peruano
Jose el peruano Fernández obedeció: estuvo mirando cerca de un cuarto de hora y después bajó. Cuando se reunieron los dos exploradores, se pusieron a discutir sobre lo que tenÃan que hacer.Â
—El pantano va secándose rápidamente—dijo José—, mañana podremos atravesarlo, llegando al bosque que está al frente y volver a encontrar las señales del dray...Â
—¿Pero habrá pasado hacia allà el carro?Â
—Sin duda... por este lado no hay traza alguna...Â
—¿Cómo se explica entonces que los hombres que yo he visto sean cinco o seis?... Si se tratase del dray no serian más que dos...Â
—¿Y quién te dice que los otros tres o cuatro no sean los cómplices y precisamente los que han intentado hacerte morir por medio de la planta-vampiro?Â
—Puede ser... pero de todos modos, si son nuestros enemigos, deberemos andar con mucho cuidado para hacerles frente... no somos más que dos.Â
—Por esto no tengo temor—dijo José—, si entre ellos está ese hipócrita de Lindsay, me sentiré con la fuerza de diez hombres...
Y el gigante volvió su enorme puño hacia el invisible cazador.Â