Jose el peruano
Jose el peruano —Una tumba... ¿No te acuerdas que ese otro traidor de Mulga nos explicó varias veces como son las tumbas de los indÃgenas?
 —Me lo parece—respondió—, pero no presté mucha atención: las tumbas, sean del paÃs que sean, no me son simpáticas.Â
—Están hechas de un tablado de trozos de árbol, sostenido por cuatro troncos. Ponen el muerto encima y lo abandonan a las aves de rapiña... Las que, naturalmente, no tardan en acudir en gran número sobre la tumba asà expuesta para devorar el cadáver... los indÃgenas dicen luego que en los buitres vive el espÃritu de los muertos...
—¡Curiosa manera de sepultar! — observó Fer-nández—. ¿Crees entonces que sobre aquella mesa haya un muerto?Â
—Estoy seguro de ello.Â
—En efecto: ahora que ha desaparecido la evaporación del pantano, me parece percibir algo claramente.
—La única manera de estar seguro es ir a verlo...Â
—Mañana por la mañana.Â
—Mañana por la mañana los buitres habrán devorado hasta los huesos del cadáver : mejor es ir pronto... el pantano está, ya bastante practicable y veo algunos sitios en que está casi seco.Â
—Tienes razón... pongámonos en marcha,Â