Jose el peruano
Jose el peruano PRESA DE LOS BUITRES
El candente sol australiano iba secando con mucha rapidez la región pantanosa que separaba los dos bosques.Â
José y Fernández caminaban fatigosamente, pero sin embargo a buen paso, deseosos como estaban de llegar al bosque y seguir las trazas de los supuestos enemigos. SentÃan curiosiddad por conocer en qué consistÃa la tumba australiana y quién era el que habÃa sido expuesto a la avidez de las aves de rapiña.Â
A medida que los dos diligentes exploradores avanzaban aparecÃa cada vez más clara la forma de la tumba y se perfilaba sobre ella, en el fondo verdoso del bosque, una forma humana.Â
Las aves de rapiña, quizás bastante alejadas de aquella región, no habÃan advertido aún la presencia de la presa que se les ofrecÃa, porque los dos exploradores no veÃan revolotear por encima de ella ni a los nilous, pequeños halcones rojizos, ni a los hictliciestus, de la misma familia, pero bastante mayores.Â
Los dos exploradores habÃan descubierto, sin embargo, una decena de aquellas aves que venÃan del Norte y se dirigÃan en rápido vuelo hacia el otro bosque.
—No han descubierto la tumba—dijo Fernández.Â
—Las atrae seguramente un aliciente mayor—observó el coloso.
—¿Cuál?Â