Jose el peruano
Jose el peruano —Despierta, que tenemos una cuentecita que arreglar entre nosotros... Y no hagas el tonto fingiendo no reconocernos. También estamos vivos y no tenernos intención de morir.Â
Lindsay continuaba mirando ya al uno, ya al otro de los que estaban arrodillados a sus lados sin poder pronunciar una palabra.Â
Al fin, un relámpago pasó por su mirada: la conciencia volvÃa.Â
Sus secos labios se entreabrieron y murmuró:Â
—José... Fernández...Â
—Si, somos nosotros—dijo el coloso—. No pensabas que te encontrarÃamos, ¿verdad? Te fuiste con el dray y las provisiones, pero nos las restituirás pronto. Te advierto que de aquà en adelante eres mi esclavo y que a puñetazos te haré llegar a Alligator, para que des testimonio que he vencido en la apuesta y que aquel sinvergüenza, cómplice tuyo, debe de dar sus riquezas a Kilder ...Â
Mientras que el coloso hablaba en tono de amenazadora reconvención, Lindsay lo miraba con rostro cada vez más doloroso, estupefacto...
Al fin el cazador se levantó a duras penas, sentándose sobre el tablero de la tumba y volvió la vista.Â
Murmuró:Â
—Me han creÃdo muerto... me han dejado como alimento de los buitres...Â