Jose el peruano
Jose el peruano EN BUSCA DE LOS LADRONES DE "PEPITAS DE NARANJAS"
Los tres exploradores reanudaron la marcha por el bosque, siguiendo los rastros evidentes del dray.Â
Aunque las pesadas ruedas no hubiesen señalado sobre el grassland el paso del enorme carro, se habrÃa conocido por numerosas latas vacÃas y botellas rotas que los bandidos iban dejando en su camino, como se hace con una carga inútil.Â
—A juzgar por el número de botellas que se ven, se puede deducir que los bandidos deben estar siempre borrachos—observó Lindsay.Â
—¡Pobres provisiones nuestras, en qué bocas han caÃdo !—exclamó José con remordimiento.Â
—Pero si se emborrachan es mejor—opinó Fernández—. Cuando los alcancemos nos será más fácil atacarlos y volver a apoderarnos del dray.
—¡Sin provisiones! ¡Esos holgazanes no tardarán mucho en consumirlas todas!—observó José.
—¡Si no los alcanzamos pronto no dejarán mis que la madera de los cajones!—añadió Lindsay.
—No será fácil hallarlos tan pronto. Nos deben llevar muchas millas de ventaja.Â
—Cuando llegamos a la tumba con el tiempo justo para salvarte de los buitres hambrientos, el dray debÃa de llevarnos por lo menos doce millas.Â