Jose el peruano
Jose el peruano —También tú, Fernández, debes haberlas pasado negras—murmuró el desgraciado cazador, aspirando con avidez el olor del asado que empezaba a perfumar el aire.Â
Lindsay, desde el principio, sintió reanimársele las fuerzas, y escuchando lo que decÃa José, se convenció que aún les esperaban muchos peligros. Verdad es que los enemigos de Fernández y Lindsay les creÃan muertos, uno devorado por la planta-vampiro, el otro despedazado por los buitres, y posiblemente no pensarÃan más en José; pero la necesidad de recuperar el dray se hacÃa sentir imperiosamente.Â
Era preciso, por lo tanto, ponerse en camino para encontrarlo. La noche era cálida pero serena.Â
Los tres hombres que la suerte y la intrepidez habÃan reunido, sentÃan mucha necesidad de reposo,
Era necesario repartirse, la guardia, para evitar nuevas sorpresas.Â
Al dÃa siguiente se pusieron en marcha, siguiendo la pista de los bárbaros bushrangers,Â