Jose el peruano
Jose el peruano El brandy me infundió al principio una repentina energÃa: hacÃa muchas horas que no habÃa tomado alimento y la bebida me infundió algo de vida... Pero no fué más que un bienestar pasajero. Después de algunos instantes sentà un estremecimiento por todo el cuerpo: se me oscureció la vista y caà al suelo sin sentido... lo que sucedió luego ya no lo sé„. Cuando reaccioné, , senti que alguien me golpeaba, llenándome de insidias e inventivas...Â
—Era yo—dijo José, conmovido—. Te pido perdón por mi estúpida equivocación.Â
—Ya te he perdonado—dijo Lindsay con triste sonrisa—. Probablemente, si me hubiese encontrado en vuestro lugar, yo hubiera caÃdo en el mismo error.
—No encontrasteis el dray... no oisteis las señales convenidas... sabÃais que era amigo de Koralden: sospechasteis que estuviese de acuerdo con él y con Mulga...Â
—En ,cambio, ahora sabemos que si Kornalden tiene un cómplice no puede ser otro que Mulga...— observó Fernández.Â
—Es evidente que Kornalden ha sobornado a Mulga en Puerto-Augusta, o en el lago Torrens, para que el indÃgena nos impidiese terminar nuestro viaje... Con refinada astucia Mulga se convirtió en nuestro drayman: pero asemos el canguro y comiéndolo te daremos cuenta de lo que nos ha sucedido a nosotros.Â