Jose el peruano
Jose el peruano —¡Un derrumbe!—gritó una voz.Â
Se oyeron gritos desgarradores..El peñasco habÃa caÃdo sobre dos bushrangers, mientras que otros dos habÃan conseguido huir.Â
Los tres exploradores descendieron pronto la ladera. Mulga los vió e intentó darse a la fuga, escondiéndose en las sinuosidades de la colina. Pero Fernández lo siguió : el australiano, borracho, no habÃa podido huir muy lejos.Â
El joven se le fué encima, apuntándole con el revólver.
—Si te mueves te saco la tapa de los sesos, antropófago—exclamó. Y dándole un puntapié hizo andar al australiano empujándolo hacia donde poco antes el negro se abandonaba a su innoble danza.Â
El espectáculo iluminado por el argentino claror lunar, era horrible.Â
El peñasco habÃa pasado por encima de los dos bushrangers como un formidable rodillo, reduciéndolos a una masa informe.
—¡Bien merecido lo tienen !—observó Lindsay.Â
Mientras tanto José habÃa aferrado por la espalda al indÃgena y lo estrujaba con sus poderosas manos.Â
Aunque los australianos tengan una resistencia extraña al dolor que les permite rajarse, la fuerza del gigante era tan grande, que Mulga no pudo contener un grito.Â