Jose el peruano
Jose el peruano —Les he pedido perdón, sir—dijo el drayman con voz sollozante—. Les prometo por Pundial que no tendrán más motivos de queja de mÃ. Pundial, el Señor, no ha querido que mi golpe tuviese éxito porque era una traición... He sido malo y hacen bien en castigarme..Â
—No tenemos necesidad de tu aprobación—dijo José—. Cuidado con errar el camino...Â
—No, sir... Si yerro el camino máteme...Â
Atravesaron el Finke, el rÃo más largo de Australia que nace. en un contrafuerte de las montañas Daniell y después de seis dÃas de marcha bajo un sol cada vez más ardiente llegaron a una ancha garganta de las mismas montañas.
A decir verdad, Mulga se condujo durante todo el trayecto de un modo que no despertó en los tres exploradores la menor sospecha. HabÃan combinado de tal manera los turnos que no perdÃan de vista al traidor un sólo instante.Â
Lindsay consultaba en el mapa y la brújula la dirección del dray.Â
Mulga parecÃa sinceramente arrepentido de lo que habÃa hecho y a menudo se echaba a los pies del gigante pidiéndole que lo perdonase: decÃa que no estaba pagado por nadie, tanto que José habÃa cesado de atormentarlo para averiguar la verdad.Â