Jose el peruano
Jose el peruano 
—¿Qué dices de esto, sir?—exclamó riendo y palmoteándose el vientre el feroz australiano—. ¿Eres capaz de romperme ahora el cráneo de un puñetazo? Apuesto a que no, aún con toda tu fuerza... ¡Los australianos saben apretar bien y vengarse a tiempo! ¿Has visto para lo que sirven las invenciones de los blancos? Sirven para hacer saltar los drays....Estoy descontento solo de una cosa: de haber hecho volar tantas cosas buenas y especialmente las botellas de brandy; pero si no lo hago asà no se resolvÃa nada... En cuanto a los bueyes no están perdidos: los encontraremos por el monte...¿Qué decÃs de esto ?
Mientras Mulga hablaba asà los salvajes sacaban de entre los escombros y las piedras las latas abiertas, los bizcochos y todo lo que era comestible; bebÃan con avidez las gotas que caÃan del fondo de las botellas y gritaban en forma incomprensible.Â
Mulga se habÃa apoderado de los tres fusiles y de los revólvers de sus odiados amos y los llevaba al hombro en la convicción de que con aquellas armas le serÃa posible llegar a convertirse en el dominador de Australia.Â
Los prisioneros se miraban unos a otros pálidos y descompuestos.Â