Jose el peruano
Jose el peruano —¡Son nuestros bueyes !—exclamó José. —.¡Es necesario cogerlos!...Â
—iHan huido! ¿Se habrán vuelto salvajes en un dÃa?Â
José se puso a llamarlas con voz fuerte. Los cuadrúpedos, que antes se habÃan dado a la fuga, se detuvieron.Â
HabÃan reconocido la voz de José. Los viajeros se acercaron a los bueyes, acariciándolos y llamándolos por su nombre. Eran diez: faltaban ocho.Â
—¡Hemos vuelto a encontrar a diez amigos!—exclamó José.Â
—Se ve que Kulugul continua favoreciendo a los blancos con su gracia.
—iY todavÃa no ha terminado !—exclamó con voz jubilosa el cazador, corriendo detrás de los bueyes.Â
Fernández los siguió mientras José, reconociéndolos, los iba acariciando y seguÃa llamándoles por sus nombres.
—¡Otros dos bueyes! Y la parte delantera del dray —exclamó el joven peruano.Â
En efecto : dos bueyes arrastraban todavÃa la parte anterior del carro que con la explosión, se habÃa desprendido del cuerpo del vehÃculo y que en la loca huida, las dos bestias habÃan llevado consigo.Â