Jose el peruano

Jose el peruano

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Lo restante de la res fué cortado en pedazos largos y delgados debidamente ahumados para conservarlos,

Estas operaciones les ocuparon todo el resto del día. 

Apenas entrada la noche, se durmieron, y a la mañana siguiente reemprendieron el camino hacia el norte, cargando sobre el vehículo la carne de buey ahumada. 

El día amenazaba ser muy caluroso. El semi-dray, mientras corría con bastante rapidez sobre el terreno que costeaba el río, presentaba un inconveniente: no tenía tela alguna que lo cubriese o que pudiese defender a los viajeros de los rayos del sol abrasadores. Era preciso, al menos en parte, remediar este peligro, que, si bien era tolerable en el paso de los bosques y de los grasslaúd, hubiera sido insoportable al atravesar las regiones desiertas que en algunas semanas más deberían afrontar. 

Por lo tanto, trataron de construirse una especie de cubierta, a decir verdad, no muy ligera, pero que podía evitar de algún modo los rayos solares. 

Habiendo tenido la fortuna de matar dos grandes canguros, con la piel de éstos unida a la del buey que habían muerto el día antes, construyeron un toldo que sostenían algunos troncos de pequeños eucaliptos.

—Ya no tenemos que temer al sol —dijo José. 

—Pero si al calor—observó Lindsay.


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