Jose el peruano
Jose el peruano En efecto, bajo la tienda de pieles, que daba un olor nauseabundo, el calor se hacÃa sentir muy fuerte: pero los tres viajeros se consideraban protegidos por la fortuna al haber podido construirse, bien o mal, un discreto vehÃculo que les economizarÃa la fatiga de andar a pie.Â
Atravesaron en tres dÃas dos rÃos y dos gargantas de las montañas que constituyen la cadena Stuart, y al fin del cuarto se detuvieron a orillas de un pequeño lago cuyas riberas cubrÃa una vegetación relativamente exhuberante.Â
En este lago descubrieron los tres viajeros una nueva curiosidad de la extraña fauna australiana: el Blak-svanne o cisne negro. Diez o doce blak-svanne navegaban muellemente sobre las aguas del lago, moviendo el largo y flexible cuello con una gracia singular que contrastaba con el rudo paisaje circundante. Más allá, nadaban también otros pájaros negros, pero las formas y los movimientos de éstos parecÃan ser la caricatura de los primeros.Â
—He aqui los gansos negros, que me han dicho que son muy sabrosos—dijo Lindsay.Â
—Desgraciadamente, debemos contentarnos con mirar estos volátiles—observó José—. No tenemos armas de fuego.
—Puedo tratar de matar alguno con mi honda—murmuró Fernández.Â