Jose el peruano
Jose el peruano En efecto, el joven peruano se habÃa construido una honda de piel de canguro y como habÃa sido siempre muy hábil para manejar esta arma, quiso poner a contribución su habilidad para proporcionar alimento.Â
Colocó una piedra en la honda y tomando las puntas la hizo girar rápidamente sobre su cabeza, tomando como punto de mira el grupo de los cisnes negros. La piedra salió, alcanzando a uno de ellos: los otros huyeron.Â
El agua del lago era baja: Fernández entró y un poco después traÃa hacia la orilla el hermoso cisne muerto.Â
—¡Bravo, Fernández! —exclamó Lindsay—. He aquà una habilidad que nos será muy útil para procurarnos caza.Â
—Ahora prepararemos un asado de cisne negro—dijo el joven peruano,. empezando a desplumar el ave, mientras que Lindsay recogÃa ramas secas.Â
—Yo voy a buscar alguna fruta—dijo José,
—Me parece haber visto una planta de karambo —dijo Linclsay—. El karambo da un fruto sabros y refrigerante... Está cerca de aquel eucalipto grueso—añadió señalando con la mano un enorme árbol que surgÃa a una treintena de metros del vehÃculo.Â