Jose el peruano
Jose el peruano José se dirigió hacia el punto indicado y descubrió en seguida una mata de karambo. Mientras separaba los frutos sintió un crujido de hojas a poca distancia: de pronto una masa negra, ágil, saltando por entre la hierba, desapareció.
Aunque tratase de esconderse en medio de las altas hierbas, gateando, José no tuvo dificultad en reconocer que se trataba de un indígena.
El coloso suspendió la recolección de fruta e inmediatamente se puso a buscar al negro: no tardó en descubrirlo como a unos veinte metros, mientras huía aún. José lo persiguió. El negro aparecía y desaparecía como si no hubiese querido que lo viesen. Era de estatura pequeña e iba completamente desnudo.
José había recorrido unos doscientos metros persiguiendo siempre al indígena que quería capturar para procurarse algunas noticias acerca de la tribu del miserable traidor.
El indígena corría agachado, pero de cuando en cuando se llevaba la mano al costado como si quisiese detener la sangre que salía de una herida.
El indígena llegó a un breve claro, pero al llegar allí parecía un hombre agotado.