Jose el peruano
Jose el peruano —Porque enflaquecerá y se pondrá duro y para la fiesta de mi hija quiero que el blanco esté tierno y sabroso.Â
—¿No ves qué fuerte y alto es el "gigante blanco"? El podrá trabajar y conservarse tierno...Â
—¿Qué dices tú de esto, "gigante blanco"?—preguntó el jefe antropófago, volviéndose hacia José.Â
El peruano no podÃa por menos que encontrar la pregunta de Nandum-Kurruck algo indiscreta: sin embargo, pensando que era mejor ganar tiempo trabajando en las minas que ser comido en seguida, respondió:Â
—Gran Jefe, Mulga tiene razón... Será un deber para mi conservarme tierno para los dientes de Nandum-Kurruck.. .Â
—Veamos si los blancos mantienen la palabra—dijo el Jefe—. Condúcelo a trabajar: Mulga, a guisa de gracias, empezó una de sus grotescas danzas ante el Jefe, después ordenó a sus hombres conducir fuera a José. No obstante su condición trágica, el peruano tenia grandes deseos de reÃr por el modo de tratar los prisioneros.Â
José habÃa comprendido por las ávidas miradas que Nandum-Kurruck le lanzaba, el Jefe debÃa de tenerle mucha simpatÃa... de refinado antropófago. Pero José, por muy lisonjeado que se sintiese, habÃa decidido sustraerse por todos los medios posibles a este fin poco glorioso.