Jose el peruano
Jose el peruano  Mulga triunfaba. El negro, mirando a su prisionero con satisfacción, decÃa:
 —Como ves, tienes el honor de gustarle al Jefe..., pero primero debes servirme a mÃ... por diversos motivos que no te puedo explicar.Â
—Te has explicado bastante, bandido—respondÃa el gigante—, tu verdadero y último objeto es hacerme fracasar el viaje y servir a Kornalden.Â
Mulga se rió estrepitosamente.Â
—Ven a ver el campo de oro — dijo —. ¡Verás cómo yo sé hacerte trabajar!Â
Los salvajes de la tribu salÃan de sus sucias cabañas gritando de gozo al paso del "gigante blanco".Â
Evidentemente el coloso suscitaba en los súbditos de Nandum-Kurruck vivos sentimientos de simpatÃa... gastronómica. Los hambrientos australianos sentÃan hacérseles agua la boca, pero pensaban que el asado de "gigante blanco" no era para ellos.Â
Hacia el fin del viaje, José hubo de asistir a la curiosa ceremonia del murruntur-uk uruk.Â