Jose el peruano
Jose el peruano LOS "MONSTRUOS DEL KULUGUL"
Aunque el pensamiento del horrible e inminente fin hubiese multiplicado las fuerzas del coloso y éste debatiéndose como un condenado, lanzase al suelo a los salvajes que lo arrastraban, el número dió pronto cuenta de él: caÃan diez, y veinte se lanzaban sobre el peruano, golpeándolo con el tomawak, aturdiéndolo y empujándolo inexorablemente hacia la fosa todavÃa humeante del salvaje asado precedente.Â
Llegó el instante supremo, en el que toda esperanza de sustraerse a la furia ..de los indÃgenas lo abandonó: José encomendó su alma a Dios.Â
Iban a precipitarlo en la fosa: otros salvajes se acercaban trayendo hierba seca y ramas para cubrirlo.Â
—¡Adiós, Marincal... ¡Adiós, Fernández y Lindsay!... ¡Adiós, Kilder!...—exclamó José.Â
Pero en aquel instante un grito de terror se levantó de entre la multitud: los hombres que llevaban leña la cebaron al suelo y se dieron a la fuga: una confusión enorme se produjo en el pueblo: las mujeres y los niños gritaban, los hombres corrÃan... atropellándose unos a otros, haciendo signos de conjuro.Â
El coloso habÃa sido abandonado al borde de la fosa;Â
 —Nandum-Kurruck gritaba: —¡Los monstruos de Kulugul! ¡Los monstruos de Kulugul!