Jose el peruano
Jose el peruano En un momento la plaza quedó desierta: José miró a su alrededor. Como unos diez animales extraños, llevando sobre el testuz llamas que se agitaban y cabalgando sobre ellos formas monstruosas, se habían precipitado con furia hacia adelante con un galope ruidoso, mientras silbidos agudos y prolongados se mezclaban con los mugidos aterradores... Algunos indígenas viejos que no habían conseguido huir, fueron revolcados y pisoteados por los enfurecidos animales, que parecían verdaderos monstruos del infierno.
José mismo hubiera sido envuelto por el formidable y extraño galope, si no se hubiese echado a un lado con agilidad. Los monstruos de Kulugul, fantásticas antorchas vivientes, prosiguieron en su impetuosa carrera y mugiendo fragorosamente se alejaron del pueblo.
El coloso no había tardado en comprender. ¡Los monstruos de Kulugul, que habían aterrado y puesto en fuga a los antropófagos, eran sus bueyes!... Sin duda Fernández y Lindsay habían tramado esta irrupción infernal para asustar al enemigo y hacerlo huir.
José iba a alejarse del pueblo desierto ya, cuando oyó el rumor de un trote y algunas voces que gritaban su nombre.
—¡José, José! ¿Dónde estás?
Y el coloso vió avanzar una pareja de bueyes que arrastraban el vehículo de dos ruedas, el semi-dray que los exploradores habían construido.