Jose el peruano
Jose el peruano Mientras tanto, les interrogamos: uno de ellos conocĂa algunas palabras en inglĂ©s, por haber trabajado con un squatter; nos dijo de quĂ© lado se encontraba el pueblo de Nandum-Kurruck; tambiĂ©n ellos se dirigĂan allĂ con la esperanza de encontrar algĂşn alimento.., les dijimos que se acercasen y nos informasen al regreso si en el pueblo se encontraba prisionero un coloso blanco...Â
—Pero no los habĂ©is visto más—dijo JosĂ©.Â
—¡No! —¡Claro! ¡Los feroces súbditos de Nandum-Kurruck se los han comido esta noche!
 —¿Se los han comido?—exclamaron con horror Lindsay y Fernández.Â
 —¡Y con quĂ© entusiasmo! —dijo José—. ¡Ha sido un espectáculo cuyo recuerdo me hará temblar y me dará náuseas toda la vidal... Pero el señor Nandum-Kurruk no quiso comer el plato nacional... preferĂa probar los biftecs de JosĂ© el peruano.
 —¡Pobre JosĂ©! ¡Lo has pasado mal de verdad!Â
—Me vi cocinado, comido y digerido... pero continĂşa contando, Lindsay; Âży despuĂ©s?Â