Jose el peruano
Jose el peruano —Antes de aventurarnos en el desierto haremos provisión de hierba que secará pronto y que convertiremos en haces. No será heno de primera calidad, pero servirá para sostener en pie a los pobres bueyes. Mientras tanto, los tres exploradores habÃa juzgado prudente enyugarlos por parejas, unciéndolos al vehÃculo.Â
Mulga, los dos blancos cómplices suyos, el mismo Nandum-Kurruck, pasado el primer instante de terror, habÃan vuelto al pueblo, comprendiendo el secreto de los "monstruos de Kulugul" y, más enfurecidos que nunca habÃan reemprendido su persecución.Â
Ahora José sabia cuál era la razón que obligaba a los dos bushrangers blancos a tratar de perderlo: querÃan vengar la muerte de su amigo Mernal, que, en legÃtima defensa, habla abatido de un puñetazo el coloso.Â
Una sorpresa por parte de los enemigos no era suposición absurda. La pequeña caravana se puso en marcha para buscar un sitio apropiado para pasar la noche en la falda de una colina, donde habÃa una zona con bastante hierba.Â
Establecieron las guardias y esperaron el dÃa.Â