Jose el peruano
Jose el peruano Otro oasis se veía y en breve llegaron a él: la hierba y el agua sirvieron para dar nuevas fuerzas a los tres bueyes, pero antes de continuar el viaje debieron sacrificar otro cuadrúpedo con gran sentimiento.
No quedaban ya más que dos.
¿Podría este par de bueyes transportar el vehlculo a través de la región desierta que quedaba todavía por pasar?
Los exploradores dudaban de ello. Afortunadamente, una curiosa circunstancia hizo brotar de la mente de Lindsay una genial idea.
El cazador había descubierto en el oasis trazas del emú, el gran avestruz de Australia: José y Lindsay siguieron las huellas a través del oasis. Después de haber recorrido más de un kilómetro, se hallaron ante un extraño espectáculo.
Un negro, reducido casi del todo a esqueleto, yacía en tierra con la carne destrozada; dos emús pasteaban allí cerca.
Los dos avestruces gigantescos trataron de huir; José y Lindsay, que tenían pre-parado un lazo desde el momento en que habían decidido dedicarse a la caza del emú, con rápido movimiento los capturaron, lazándolos por el cuello.